Tarta de queso y chocolate blanco.

Bueno después de una temporada aquí estoy de nuevo. He tenido unos meses de desconexión por una serie de sucesos que me han hecho dedicar más tiempo para mí y mi chico, y mi nuevo trabajo. Pero en fin, más allá de eso he vuelto inspirada por algo que cada vez me gusta más… 

¡Tartas tartas tartas! Qué bonitas son, qué divertidas de hacer y qué ricas están. Me encanta tener invitados en casa y hacer una tarta o ir a casa de alguien que tan generosamente te invita y llevar una tarta estupenda para el postre. Y es que cuando hay una comida familiar o de amigos y acabáis de comer y alguien dice “de postre hay una tarta” a todo el mundo se le pone una sonrisa en la boca, ¡hasta a los que no comen tarta! ¿os habéis fijado alguna vez?

Mi último descubrimiento ha sido una tarta estupenda de queso y chocolate blanco. Va al horno y está muy rica porque no es muy dulce, solo lo justo. De ahora en adelante voy a poner las recetas por duplicado: para hacerlas con thermomix y sin ellas. Yo las hago “con”, pero bueno, la parte “sin” es para que todos podáis hacerlas y ser tan felices con una tarta como yo lo soy 🙂

Sobre el molde: yo he usado uno de 18,5cm desmontable. Es más bien pequeño pero estéticamente queda más bonita la tarta pequeña con más altura. Si el tuyo es más grande no pasa nada! No dejes de hacer la tarta por esto, pero si sueles hacer tartas para 4-6-8 personas te aconsejo un molde de ese tamaño para que salgan altas y más bonitas. No hace falta que sea uno carísimo, el mío es de una tienda de chinos, me costó 4 o 5 euros.

Tarta de queso y chocolate blanco

TARTA DE QUESO Y CHOCOLATE BLANCO

INGREDIENTES:

  • Para la tarta
    • 20 gr de harina de maíz (maicena)
    • 125 gr de chocolate blanco de repostería
    • 100 gr de azúcar
    • 2 huevos M (y si no son M no pasa ná)
    • 100 gr nata para montar
  • Para la base
    • 125gr de galletas
    • 30 gr de almendras
    • 50 gr de mantequilla

SIN THERMOMIX:

  1. Desmenuzar las galletas con un batidor o un tenedor. Calentar la mantequilla y hacer una pasta con las almendras trituradas y las galletas. Cubrir el fondo del molde y reservar en la nevera.
  2. Batir la nata con un batidor manual o eléctrico. No debe llegar a montar del todo, simplemente debe estar menos líquida que al principio. Reservar.
  3. Partir el chocolate en trozos lo más pequeños posibles, y reservar.
  4. En un bol mezclar los huevos, la maicena y el azúcar. Cuando esté integrado añadir la nata y el requesón. Cuando esté integrado añadir el chocolate y mezclar. Poner la mezcla sobre el molde.
  5. Hornear durante 55 minutos a 180º (hasta que al pincharlo con un palillo salga limpio).

CON THERMOMIX:

  1. Triturar el chocolate (debe estar frío) 10 seg vel 5. Reservar.
  2. Sin lavar el vaso triturar la galleta y las almendras 8 seg, vel 5. Añadir la mantequilla y mezclar 5 min, 90º, vel 2, hasta que se haya integrado bien. Forrar el fondo del molde y reservar en la nevera.
  3. Enjuagar el vaso para quitar los restos de galleta y batir la nata 1 minuto en vel. 3,5. Reservar.
  4. Sin lavar el vaso poner los huevos, la maicena y el azúcar. Mezclar durante 1 minuto en velocidad 3. Añadir la nata y el requesón. Mezclar 10 segundos en velocidad 2. Añadir el chocolate y mezclar durante 10 segundos en velocidad 2. Poner la mezcla en el molde.
  5. Hornear durante 55 minutos a 180º (hasta que al pincharlo con un palillo salga limpio).

Espero que la disfrutéis y no dejad de contarnos cómo ha ido si la hacéis, de verdad se agradecen los comentarios (por cortos que sean). Hasta pronto!

Mozas en peligro de exitinción

Cuando era pequeña los fines de semana que mi madre trabajaba me quedaba en casa de mi abuela. Me gustaba estar allí, era un espacio diferente en el que jugar, y mi abuela aprovechaba que mi abuelito también trabajaba y estábamos las dos solas para enseñarme cosas.

Entre otras cosas me enseñó a hacer la cama como ella consideraba que se debía hacer. La cama debía ser la máxima perfección del mundo, como si en cualquier momento fuera a entrar Enrique VIII a la habitación para comprobar que la cama estaba perfectamente hecha porque si no iba a mandar que te cortaran la cabeza.

Me enseñó a sacar cada una de las capas (sábana ajustable + sábana + X mantas + edredón o colcha), airearlas si era posible en la terraza, ponerlas una a una en la cama, medir con precisión la doblez final para que al poner la almohada girada dentro quedara perfectamente integrada con el resto de las capas anteriores. Y finalmente ponerme a los pies de la cama, en un punto intermedio exacto para comprobar, mirando a un lado y al otro, si el resultado era absolutamente simétrico. Esta labor se debía hacer cada día con cada una de las camas que había en la casa y que el resto de personas trabajadoras no hacían porque salían disparadas a primera hora de la mañana, es decir, mi abuela hacía 4 camas cada día de esta manera O_o.

El primer día que mi abuela me enseñó esto con toda su buena voluntad y bajo el criterio “las buenas mozas tienen que saber hacer la cama bien hecha para cuando se casen” pensé que ser mayor sería una tortura y que ojalá inventaran una máquina de hacer la cama antes de que yo me casara.

Hoy en día, a pesar de no estar casada, me gusta tener la casa ordenada, por lo que acostumbro a hacer la cama cada día antes de irme al trabajo. Lo que mi abuela no sabe es que yo de lunes a viernes dedico 1 minuto y medio aprox a hacer la cama,. Además, aprovechando que mi cama suele tener solo un edredón (solo una capa), tomé inspiración en las revistas de decoración modernas y hago la cama de forma que las que las almohadas se apilan sin tener nada que ver con la sábana y el edredón se dobla por la mitad dejando la sábana ajustable vista. El sábado me tomo un poco más de tiempo y aireo un poco las sábanas (sin llegar a subirlas a la terraza por Diox!), por lo que los sábados y domingos dedico 3 o 4 minutos a esto.

Me resulta curioso pensar en toda la buena voluntad y buenhacer que puso mi abuela en enseñarme cosas como esta sin saber que las épocas serían tan distintas que ni por asomo se parecería la forma de hacer las cosas de principio del siglo XX a principios del s. XXI. Hay que ver cómo cambian los tiempos.

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¿Qué comemos hoy?

Cocinar la comida y la cena cada día es una tarea pesada porque es muy repetitiva. Pero muchos de vosotros estaréis de acuerdo conmigo en que hay una tarea peor que cocinar: ¡pensar qué cocinar!

Y es que las tareas psicológicas a veces son más pesadas que las tareas físicas. La cosa es que la mayoría de nosotros hoy en día llevamos un millón de cosas en la cabeza “que si el trabajo tal, que si tengo que pasar por el banco, que si tengo que comprar tal cosa, que si hacer esto otro” (sobre todo las mujeres que queremos abarcarlo todo) y de repente llegas a casa y dices “¿Y qué hago de comer?” y te quedas en blanco, y abres la nevera para pensar (se piensa mejor con la nevera abierta), y nada, que la mayoría de días acabas haciendo pasta o pollo a la plancha, y alguna semana has pensado “tendré ya cara de pollo” ¿alguna vez te ha pasado esto?

Y seguro que hay semanas en la que has acabado tirando esas verduras que compraste y se te olvidó cocinar, o algún pescado que se quedó solitario en algún rincón de la nevera secándose como una pasa…

Bueno mi chico y yo hemos encontrado una solución para este problema que, una vez que te acostumbras, es tremendamente cómodo!! Consiste en hacer un planning semanal de comidas.

Lo primero que necesitas para esto es un calendario en la cocina, debe ser mensual, de los que tienen hueco para escribir (si no tienes ninguno de publicidad puedes descargarlo aquí).

Entonces, el día antes de hacer la compra, coges el calendario y apuntas las comidas y cenas a partir del día siguiente y durante una semana. Por ejemplo nosotros compramos el lunes, entonces el domingo nos sentamos 5 minutos y hacemos el planning desde la cena del lunes hasta el final de la semana.

Echa un vistazo a la nevera a ver si tienes cosas para usar, por ejemplo si te ha quedado un trozo de pollo y una lechuga pues pon un día una ensalada de pollo. Intenta hacer una dieta equilibrada, yo pongo en las comidas un día legumbres, dos días pescado y dos días carne (alternando), y por la  noche suelo poner verduras asadas, hervidos, ensaladas etc. Y una vez hechos los menús, a partir de esto haces la lista de la compra revisando qué necesitas para cada comida.

Esto suena muy estricto, pero no hay que seguirlo a rajatabla, nosotros solemos improvisar cambios durante la semana; si un día no tenemos ganas de comer las lentejas porque hace mucho calor pues se cambia por la comida de otro día. O si mi madre me llama para ir a comer porque ha hecho cocido con pelotas pues ya se puede acabar el mundo que eso no me lo pierdo. Y los fines de semana como siempre nos sale algún plan pues solemos dejarlo vacío, o ponemos dos comidas para todo el finde y ya lo vamos ajustando. Además ¡siempre debe haber algo en la despensa para emergencias! Yo suelo tener siempre noodles, escalivada, sopita congelada y esas cosas.

También es útil el calendario para apuntar los compromisos y las citas importantes (el dentista y esas cosas).

De esta manera solo te rompes la cabeza durante un ratito y ya tienes la semana lista y organizada. Cada día mientras desayunas echa un vistazo al calendario por si tienes que sacar algo del congelador (yo tiro mucho de congelador).

Al principio da un poco de pereza, y se te olvida algunas comidas que sabes haces pero cuando te acostumbras es bastante automático. Nosotros hemos acabado apuntando en una hoja todas las comidas que sabemos cocinar para tener más variedad a la hora de hacer el menú.

Para las familias con hijos este método es ideal ya que los hijos pueden participar en la confección del menú, puedes decirles “el martes toca comer algo con pescado, ¿qué te apetece?” Y que elijan ellos, de esta forma llevarán una dieta equilibrada y no tendrán excusa para no comerse el pescado si lo eligieron ellos.

¿Y tú qué cocinas? ¡Cuenta !

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Adolescentes con personalidad

Ser adolescente no es fácil.

  • Si eres uno de ellos seguro que lo sabes,
  • Si ya lo has sido lo más probable es que hayas olvidado esa sensación (el cerebro afortunadamente tiene mucha facilidad para olvidar las malas experiencias)
  • Y si no lo has sido aun, tal vez seas muy pequeño para leer este blog!

Como bien me explicó mi gran amigo y psicólogo Manuel Pérez, la personalidad de un adulto está definida por muchas cosas: su casa, su trabajo, su coche, su ropa, su pareja… además de su forma de ser, por supuesto, pero todo lo demás lo refuerza.

Un adolescente tiene dos cosas para definir su personalidad: su forma de ser y su aspecto, ¡y el aspecto físico con esa edad no suele ser muy amigable! y además se complementa con esa ropa que le compra su madre o algún otro familiar con toda la buena voluntad del mundo pero que desconoce qué son unas Vans, Dc, Converse, Diesel etc. Supongo que es por esto que cuesta encontrar adolescentes con un buen outfit. Además hay que tener en cuenta que están buscando su lugar en el mundo y es habitual que su estilismo pase por diferentes tribus urbanas hasta definirse un poco más.

Animo a los padres y tutores de adolescentes a superar esta dura etapa y si es posible que se impliquen en mejorar el aspecto de sus hijos, personalizar su habitación (de estoy hablaremos otro día), ayudarles, darles consejos, y ser muy comprensivos con ellos, que aunque estén irritables e imposibles en algunos momentos, en el fondo se sienten muy incomprendidos.

Y a los adolescentes les animo a ser más comprensivos con sus familias, que pasan un momento difícil y necesitan también la paciencia y ayuda de los hijos. Aprovechad esa energía positiva y alegría que os caracteriza para animar a los adultos a seguir adelante y sacarles una sonrisa en algún momento del día; no os supondrá un gran esfuerzo, os lo prometo 😉

Otro día os hablaré de los síndromes de la adolescencia (que no solo afectan a los adolescentes).

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Hogar, dulce hogar

Ahora que la economía hace aguas por todas partes y no podemos darnos ningún capricho es más importantes que nunca estar a gusto y feliz en casa ya que toca pasar muchas horas allí. Esto no es fácil ya que la mayoría de las personas llegan a casa crispadas y no muy contentas porque no tienen el trabajo de su vida (es mi caso), o lo que es peor; no tienen trabajo. Es normal que esto pase de vez en cuando (todos tenemos días malos, yo tengo muchos), pero no debe ser una costumbre diaria. Los que más pagan este ambiente son los niños, en caso de haberlos, y por supuesto nosotros mismos.

¿Es tu caso? Te propongo un ejercicio. Todo lo que tengas que pensar sobre el trabajo hazlo de camino a casa. Pero una vez que llegues a casa, mientras abres la puerta despacio piensa “se acabó el trabajo, ahora me voy a relajar” y ponte una sonrisa en la cara. Si repites este ejercicio muchas veces mientras abres la puerta de casa, al final tu subconsciente asociará ese sonido con esa sensación.

Lo de relajarse es relativo porque en casa siempre hay cosas que hacer! jajaja Pero bueno, intentaré ir dando consejos para que las tareas sean más llevaderas.

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