Adolescentes con personalidad

Ser adolescente no es fácil.

  • Si eres uno de ellos seguro que lo sabes,
  • Si ya lo has sido lo más probable es que hayas olvidado esa sensación (el cerebro afortunadamente tiene mucha facilidad para olvidar las malas experiencias)
  • Y si no lo has sido aun, tal vez seas muy pequeño para leer este blog!

Como bien me explicó mi gran amigo y psicólogo Manuel Pérez, la personalidad de un adulto está definida por muchas cosas: su casa, su trabajo, su coche, su ropa, su pareja… además de su forma de ser, por supuesto, pero todo lo demás lo refuerza.

Un adolescente tiene dos cosas para definir su personalidad: su forma de ser y su aspecto, ¡y el aspecto físico con esa edad no suele ser muy amigable! y además se complementa con esa ropa que le compra su madre o algún otro familiar con toda la buena voluntad del mundo pero que desconoce qué son unas Vans, Dc, Converse, Diesel etc. Supongo que es por esto que cuesta encontrar adolescentes con un buen outfit. Además hay que tener en cuenta que están buscando su lugar en el mundo y es habitual que su estilismo pase por diferentes tribus urbanas hasta definirse un poco más.

Animo a los padres y tutores de adolescentes a superar esta dura etapa y si es posible que se impliquen en mejorar el aspecto de sus hijos, personalizar su habitación (de estoy hablaremos otro día), ayudarles, darles consejos, y ser muy comprensivos con ellos, que aunque estén irritables e imposibles en algunos momentos, en el fondo se sienten muy incomprendidos.

Y a los adolescentes les animo a ser más comprensivos con sus familias, que pasan un momento difícil y necesitan también la paciencia y ayuda de los hijos. Aprovechad esa energía positiva y alegría que os caracteriza para animar a los adultos a seguir adelante y sacarles una sonrisa en algún momento del día; no os supondrá un gran esfuerzo, os lo prometo 😉

Otro día os hablaré de los síndromes de la adolescencia (que no solo afectan a los adolescentes).

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Hogar, dulce hogar

Ahora que la economía hace aguas por todas partes y no podemos darnos ningún capricho es más importantes que nunca estar a gusto y feliz en casa ya que toca pasar muchas horas allí. Esto no es fácil ya que la mayoría de las personas llegan a casa crispadas y no muy contentas porque no tienen el trabajo de su vida (es mi caso), o lo que es peor; no tienen trabajo. Es normal que esto pase de vez en cuando (todos tenemos días malos, yo tengo muchos), pero no debe ser una costumbre diaria. Los que más pagan este ambiente son los niños, en caso de haberlos, y por supuesto nosotros mismos.

¿Es tu caso? Te propongo un ejercicio. Todo lo que tengas que pensar sobre el trabajo hazlo de camino a casa. Pero una vez que llegues a casa, mientras abres la puerta despacio piensa “se acabó el trabajo, ahora me voy a relajar” y ponte una sonrisa en la cara. Si repites este ejercicio muchas veces mientras abres la puerta de casa, al final tu subconsciente asociará ese sonido con esa sensación.

Lo de relajarse es relativo porque en casa siempre hay cosas que hacer! jajaja Pero bueno, intentaré ir dando consejos para que las tareas sean más llevaderas.

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