Cheescake con frambuesas

Me encanta hacer comidas y cenas en casa. Sobre todo desde que tengo lavavajillas. Aunque luego se quede todo empantanado, y siempre nos toca un ratito de recoger y fregar la cocina etc, pero el rato de compartir una comida casera con tus amigos o familiares me parece una gozada. Y cómo no, los protagonistas de estos eventos suelen ser los postres. ¡¡¡Es que son tan ricos y tan monos!!! Me gusta mucho cocinarlos, decorarlos y comérmelos 🙂

Mi último postre lo hice anoche. Primero planeé hacer una tarta que lleva cerveza, pero cuando recordé que venía un chico que no toma alcohol pues cambié el menú (of course aquí todo el mundo debe poder tomar postre). Y de ahí probé una receta nueva que fue todo un éxito. Si hubiera hecho la tarta de cerveza no hubiera sido nada nuevo. Así que gracias Max!!

Es ideal para la Navidad, roja, barata y resultona 😛

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Esta tarta es taaaan sencilla taaaan sencilla que es un crimen no hacerla. Salen unos 8 trozos medianos, pero sabes que siempre hay alguien de los de “yo la mitad de eso”. Bueno, para unos 8 comensales aprox. Ahí va:


Ingredientes para la cheescake:

  • 400 gr. de requesón (2 paquetes de mercadona, 200gr cada uno)
  • 3 huevos
  • 1 yogur natural
  • 2 vasos (el del yogur) llenos de leche (250gr)
  • 2 vasos llenos de azúcar (320gr)
  • 2 vasos llenos de harina (200gr)
  • 1 sobre de levadura química (tipo Royal)

Preparación:

  • Sin thermomix: mezclar todo bien y verter en el molde.
  • Con thermomix: poner en el thermomix todos los ingredientes, mezclar bien y verter en el molde XD

Después al horno a 180º unos 40 o 50 min, cuando sospeches que puede estar lista pínchala para ver si está cuajada por dentro.

El molde: yo usé uno pequeño de 18,5cm, así la tarta sale bastante alta y luce más. He descubierto que si le pongo papel de cocina forrándolo y la masa dentro no hace falta engrasarlo ni nada, es más ni siquiera se mancha, qué vaga soy jajaja!

Para la cobertura:

Plan A (fácil, pero currado) – 150gr de frambuesas/moras/grosellas, las pones en un cazo con una 3 cucharadas de azúcar glas (si es normal también vale) y una cucharada de maizena, hasta que se haga una salsita, momento en el que le añadimos una lámina de gelatina hidratada. Cuando espese se lo echamos a la cheesecake por encima.

Plan B (si estás gandulón) – compras mermelada de frambuesas/moras/fresa. Se lo echas a la cheesecake por encima.


¿Y qué me cuesta? Bueno de curro ya has visto que tiene poco, mezclar y al horno. Y de pasta pues vamos a echar cuentas: el requesón 1,05€ cada paquete, 12 huevos M cuestan 1,20€, la harina 0,42€, la leche 0,90€ el litro… Casi todos los ingredientes son de estar por casa. Los más especiales que son el requesón y las frambuesas sumarían unos 5€.

Un consejo: está mejor si la comes no muy fría. Si está templada o la metes 30sg en el microondas no habrá quién se resista a probarla.

Hala! Ya he hecho mi colaboración a engordaros un poquito más. A ver si pronto tengo tiempo para escribir un poco sobre adolescencia o decoración 🙂

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Mozas en peligro de exitinción

Cuando era pequeña los fines de semana que mi madre trabajaba me quedaba en casa de mi abuela. Me gustaba estar allí, era un espacio diferente en el que jugar, y mi abuela aprovechaba que mi abuelito también trabajaba y estábamos las dos solas para enseñarme cosas.

Entre otras cosas me enseñó a hacer la cama como ella consideraba que se debía hacer. La cama debía ser la máxima perfección del mundo, como si en cualquier momento fuera a entrar Enrique VIII a la habitación para comprobar que la cama estaba perfectamente hecha porque si no iba a mandar que te cortaran la cabeza.

Me enseñó a sacar cada una de las capas (sábana ajustable + sábana + X mantas + edredón o colcha), airearlas si era posible en la terraza, ponerlas una a una en la cama, medir con precisión la doblez final para que al poner la almohada girada dentro quedara perfectamente integrada con el resto de las capas anteriores. Y finalmente ponerme a los pies de la cama, en un punto intermedio exacto para comprobar, mirando a un lado y al otro, si el resultado era absolutamente simétrico. Esta labor se debía hacer cada día con cada una de las camas que había en la casa y que el resto de personas trabajadoras no hacían porque salían disparadas a primera hora de la mañana, es decir, mi abuela hacía 4 camas cada día de esta manera O_o.

El primer día que mi abuela me enseñó esto con toda su buena voluntad y bajo el criterio “las buenas mozas tienen que saber hacer la cama bien hecha para cuando se casen” pensé que ser mayor sería una tortura y que ojalá inventaran una máquina de hacer la cama antes de que yo me casara.

Hoy en día, a pesar de no estar casada, me gusta tener la casa ordenada, por lo que acostumbro a hacer la cama cada día antes de irme al trabajo. Lo que mi abuela no sabe es que yo de lunes a viernes dedico 1 minuto y medio aprox a hacer la cama,. Además, aprovechando que mi cama suele tener solo un edredón (solo una capa), tomé inspiración en las revistas de decoración modernas y hago la cama de forma que las que las almohadas se apilan sin tener nada que ver con la sábana y el edredón se dobla por la mitad dejando la sábana ajustable vista. El sábado me tomo un poco más de tiempo y aireo un poco las sábanas (sin llegar a subirlas a la terraza por Diox!), por lo que los sábados y domingos dedico 3 o 4 minutos a esto.

Me resulta curioso pensar en toda la buena voluntad y buenhacer que puso mi abuela en enseñarme cosas como esta sin saber que las épocas serían tan distintas que ni por asomo se parecería la forma de hacer las cosas de principio del siglo XX a principios del s. XXI. Hay que ver cómo cambian los tiempos.

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Motivar el estudio y la lectura

Quejarse es gratis. Todos nos quejamos de algo cada día: que si el ordenador va lento, que si tengo sueño, que si hace frío, que si hace calor… Es normal quejarse y está bien, quiere decir que no somos conformistas. Pero cuando el motivo de tu queja tiene una solución que depende de tí deberías dejar de quejarte, ¿no crees? Digo esto porque hay padres que se quejan de que sus hijos no estudian y no hacen nada al respecto. Lo cierto es que a mí me costaría mucho estudiar en una casa donde el protagonista de las tardes es el Sálvame a máximo volúmen ¿a tí no?

Para esos padres que se quejan de que sus hijos no estudian propongo hoy una serie de técnicas para mejorar los hábitos de lectura y fomentar el estudio no solo de los hijos, sino de toda la familia.

  • Fomentar el estudio dando ejemplo. Es difícil motivar a que el niño lea si el resto de la familia está sentada frente al televisor toda la tarde o da voces por la casa. Si en el momento en que él empieza a estudiar hay un ambiente de serenidad y trabajo se favorecerá al alumno.
  • Un lugar en el que poder concentrarse. Los escritorios de los niños suelen llenarse de cosas que no hacen otra cosa que desconcentrarle. Si esto es así es preferible usar otro lugar para estudiar como la mesa del comedor o de la cocina.
  • Un ambiente cómodo. La temperatura es muy importante, si el estudio es frío no apetecerá a nadie pasar las tardes de invierno estudiando, y lo contrario ocurrirá en los meses calurosos.
  • Si tú lees, ellos leen. La mejor forma de motivar la lectura es dando ejemplo. Si hace tiempo que no lees te animo a que saques algún best-seller de la biblioteca más cercana y lo leas de vez en cuando, aunque solo sean dos páginas al día.
  • Más formas de leer. No solo leer libros, sino de que en casa suela haber revistas o periódicos es un gran motivador. Fíjate que es un imán, aunque las personas no tengan costumbre de leer pero si alguien se sienta en un sofá y tiene un periódico delante (o un catálogo del Ikea, o una revista) va a ojearlo y probablemente acabará leyendo un poco. Es tan sencillo como comprar el periódico y dejarlo sobre la mesa durante el fin de semana.
  • Interésate por lo que tu hijo estudia y lee. Pregúntale, curiosea, teoriza con él. Y sobre todo no olvides cosas importantes como las fechas de exámenes, evaluaciones y entregas de trabajo. Si tienes mala memoria recuerda que puedes tener una buena agenda y si no quieres comprarte una recuerda también que probablemente ese smartphone con guadpeich y gromenagüer que tienes seguro que lleva una agenda estupenda.

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Y sobre todas las cosas reconocer el esfuerzo de los alumnos no solo por sus méritos académicos, sino por sus logros personales. Si un alumno que durante un año estudia 1 hora al día, y el siguiente año pasa todo un trimestre estudiando 2 horas al día y finalmente suspende alguna asignatura, ese alumno merece un grandísimo reconocimiento de sus padres, tutores y familiares.

 

¿Qué comemos hoy?

Cocinar la comida y la cena cada día es una tarea pesada porque es muy repetitiva. Pero muchos de vosotros estaréis de acuerdo conmigo en que hay una tarea peor que cocinar: ¡pensar qué cocinar!

Y es que las tareas psicológicas a veces son más pesadas que las tareas físicas. La cosa es que la mayoría de nosotros hoy en día llevamos un millón de cosas en la cabeza “que si el trabajo tal, que si tengo que pasar por el banco, que si tengo que comprar tal cosa, que si hacer esto otro” (sobre todo las mujeres que queremos abarcarlo todo) y de repente llegas a casa y dices “¿Y qué hago de comer?” y te quedas en blanco, y abres la nevera para pensar (se piensa mejor con la nevera abierta), y nada, que la mayoría de días acabas haciendo pasta o pollo a la plancha, y alguna semana has pensado “tendré ya cara de pollo” ¿alguna vez te ha pasado esto?

Y seguro que hay semanas en la que has acabado tirando esas verduras que compraste y se te olvidó cocinar, o algún pescado que se quedó solitario en algún rincón de la nevera secándose como una pasa…

Bueno mi chico y yo hemos encontrado una solución para este problema que, una vez que te acostumbras, es tremendamente cómodo!! Consiste en hacer un planning semanal de comidas.

Lo primero que necesitas para esto es un calendario en la cocina, debe ser mensual, de los que tienen hueco para escribir (si no tienes ninguno de publicidad puedes descargarlo aquí).

Entonces, el día antes de hacer la compra, coges el calendario y apuntas las comidas y cenas a partir del día siguiente y durante una semana. Por ejemplo nosotros compramos el lunes, entonces el domingo nos sentamos 5 minutos y hacemos el planning desde la cena del lunes hasta el final de la semana.

Echa un vistazo a la nevera a ver si tienes cosas para usar, por ejemplo si te ha quedado un trozo de pollo y una lechuga pues pon un día una ensalada de pollo. Intenta hacer una dieta equilibrada, yo pongo en las comidas un día legumbres, dos días pescado y dos días carne (alternando), y por la  noche suelo poner verduras asadas, hervidos, ensaladas etc. Y una vez hechos los menús, a partir de esto haces la lista de la compra revisando qué necesitas para cada comida.

Esto suena muy estricto, pero no hay que seguirlo a rajatabla, nosotros solemos improvisar cambios durante la semana; si un día no tenemos ganas de comer las lentejas porque hace mucho calor pues se cambia por la comida de otro día. O si mi madre me llama para ir a comer porque ha hecho cocido con pelotas pues ya se puede acabar el mundo que eso no me lo pierdo. Y los fines de semana como siempre nos sale algún plan pues solemos dejarlo vacío, o ponemos dos comidas para todo el finde y ya lo vamos ajustando. Además ¡siempre debe haber algo en la despensa para emergencias! Yo suelo tener siempre noodles, escalivada, sopita congelada y esas cosas.

También es útil el calendario para apuntar los compromisos y las citas importantes (el dentista y esas cosas).

De esta manera solo te rompes la cabeza durante un ratito y ya tienes la semana lista y organizada. Cada día mientras desayunas echa un vistazo al calendario por si tienes que sacar algo del congelador (yo tiro mucho de congelador).

Al principio da un poco de pereza, y se te olvida algunas comidas que sabes haces pero cuando te acostumbras es bastante automático. Nosotros hemos acabado apuntando en una hoja todas las comidas que sabemos cocinar para tener más variedad a la hora de hacer el menú.

Para las familias con hijos este método es ideal ya que los hijos pueden participar en la confección del menú, puedes decirles “el martes toca comer algo con pescado, ¿qué te apetece?” Y que elijan ellos, de esta forma llevarán una dieta equilibrada y no tendrán excusa para no comerse el pescado si lo eligieron ellos.

¿Y tú qué cocinas? ¡Cuenta !

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